Fallece el inventor de la videoconsola

Falleció en su casa de New Hamshire, el considerado por muchos, creador de la primera consola de videojuegos, el ingeniero alemán Ralph H. Baer quien ideara la Magnavox Odyssey, según informaba el historiador y amigo del fallecido Leonard Herman.

Baer fue considerado el padre de los videojuegos tal y como los conocemos, después de haber desarrollado y patentado la primera consola, el 10 de agosto de 1970, la conocida como Brown Box, que saldría al mercado de la mano de Magnavox en 1972 con el nombre de Odissey. También fue el inventor del primer periférico para consola de videojuegos, la pistola de luz que acompañaba al juego de puntería llamado Shooting Gallery, además de diseñar el conocidísimo juego de entretenimiento Simon, fabricado por Milton Bradley.

Recientemente Baer recibió varios reconocimientos y numerosos premios por su trayectoria y relevancia en su trabajo, como la Medalla Nacional de Tecnología americana de manos de George Bush en 2006.

Tras huir de la Alemania nazi junto a su familia, Baer llegó a Nueva York en 1938 y en la adolescencia estuvo trabajando reparando aparatos electrónicos. Durante 1943 estuvo reclutado en las tropas que pelearon en la Segunda Guerra Mundial, en el área de inteligencia militar. En 1949 consiguió la licenciatura de Ciencias de la Ingeniería del Instituto de Tecnología de Televisión Americana de Chicago y empezó su carrera en este ámbito
Según Herman, quien informó de su fallecimiento, “Ralph era un hombre generoso, fantástico y brillante. Podías pasar horas con él y olvidar que estabas en compañía de alguien de su edad. Mantuvo un entusiasmo jovial hasta el final, pasando tanto tiempo como pudo en un proyecto u otro”.

Baer fue responsable directo del desarrollo de la consola, en un entorno como el de los Estados Unidos de la época de los años 60’s donde se estaba viviendo una transformación tecnológica en muchos hogares con la llegada de la televisión a color. Casi 80 millones de pantallas pedían un uso más potente que la simple televisión, así que a través de un borrador de cuatro páginas, empezó a diseñar lo que sería la caja de videojuegos para televisor.

Entre septiembre de 1966 y febrero de 1967 Baer y Tremblay desarrollaron el primer prototipo de videoconsola, cuyo nombre era Chase y que tenía un videojuego muy simple donde dos personas jugaban a perseguirse entre ellas. Cada una era representada por un punto y el control era muy rudimentario pero efectivo. Sería Herb Campman, de Sanders Corporate quien vio la idea con futuro y les dio un préstamo de 2.500 dólares para seguir con la idea. Baer y Tremblay desarrollan su primer diseño y crean distintas variaciones de ese rudimentario Chase, el Handball, Golf y Ping Pong. La consola que llevaron a la realidad tenía el nombre de Brown Box y aunque no era muy creativo describía a la perfección el dispositivo de juegos. Un mueble de madera marrón que rodeaba la máquina. La acompañaban dos mandos con diales rotarios y con interruptores lo que se acercaba mucho al producto finalmente.

El siguiente paso en la creación de Baer era encontrar a alguien que le impulsara a llevar su brown box a los hogares de todo Estados Unidos que tuvieran una televisión. Primero probó con General Electrónics y Motorola, y aunque la idea les pareció puntera, decidieron no invertir nada en ella, pero Gerre Martin, vicepresidente de marketing de Magnavox fue quien le dio la oportunidad. En 1971 firmaron un acuerdo para lanzarla al mercado, un año después nacía Magnavox Odyssey.

Esta consola fue una versión rediseñada de la Brown Box, en donde se apostó por materiales de menos calidad y con dieciséis interruptores que creaban la posibilidad de sustituir los pequeños chips que tenía la placa base y en la que se almacenaban los juegos. Era el antepasado directo de lo que años después conoceríamos como cartuchos.
Valorada técnicamente la consola era muy limitada, por ejemplo no tenía sonido, funcionaba a pilas y no tenía un sistema de puntuaciones, por lo que los jugadores debían apuntarlo en un papel con un bolígrafo. Hoy sería algo primitivo y digno de museo, pero en la época fue recibido de forma muy positiva, y aunque era muy sencilla muchos se sorprendieron de la invención de Baer.

Magnavox llegó a 130.000 hogares estadounidenses en las primeras navidades y en 1975 cuando se dejó de vender habían llegado a 330.000 unidades y 80.000 rifles de luz, un accesorio que también era invención de Baer. En 1972 Nolan Bushnell que asistía a una demostración de Magnavox Odyssey se sintió decepcionado con la versión de Ping Pong, y unos meses más tarde, en noviembre de 1972 lanzó para Atari, el Pong que era una versión más desarrollada del juego con puntos y sonido.

A medida que avanzaban los años setenta y mientras Magnavox y Atari peleaban en los tribunales por la patente que había desarrollado Bushnell, el éxito sonrió a este último y Odissey abandonó el mercado con clones de juegos de tenis inundando el mercado.

Al recibir la medalla nacional de tecnología en el año 2006 Baer donó todas sus creaciones a los museos Smithsonian y en 2010 pasó a formar parte del salón de la fama de los inventores de ese país.

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